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Mi Primera Carta

Mis comienzos no fueron fáciles. El cómo, de ofrecer mis servicios, siempre fue un tema para mí bastante delicado. Sin dudar, el hecho de hablar de una muerte a todos nos coloca en una situación incómoda.

Viendo ésto más aca en el tiempo, es inevitable que alguna sonrisa no se me escape. Imposible, si pienso que en estos momentos estoy escribiendo un Blog al respecto. Mi primer cliente fue Roberto, me contactó una tarde lluviosa de Junio mientras me cortaba las uñas de los pies (Como buen escritor, debo mantener cierta pulcritud). Al instante me quedé sorprendido, si bien deliraba con ésta idea loca de escribir cartas de suicidio, jamás pensé, que fuera a tener alguna vez un cliente. Fue ahí que me dí cuenta que, quizás, mi estrategía de marketing había resultado todo un éxito; y no era una idea descabellada colocar folletos con mi número telefónico en diversas salas velatorias.

Si promocionar el trabajo no era fácil, ponerlo en práctica, era aún peor. Ni bien Roberto me llamó, empezó a narrarme rapidamente su trágica historia. Se me hacía un nudo en la garganta de escucharlo. Y sí, más de una vez, traté de disuadirlo de su desición. Ahí estaba lo difícil, le decía que no se matará a mi cliente, pero si no lo hacía, dejaría de ser mi cliente. Para que sirve una carta de suicidio, si no hay un muerto que se precie de tal?.

Luego de la primera charla, concretamos en encontrarnos en un bar. Antes de ir me mentalice, comprendí que mi trabajo, no era desear que ellos se quitaran la vida sino respetar y ayudarlos, dentro de mis posibilidades, a la desición que habían tomado. Podría decirse que mis servicios eran un complemento, como los son en la actualidad las salas velatorias.

Para no alargar más el prólogo, transcribo literalmente, la carta realizada para Roberto.

CARTA 1:

Amada Glenda:

En estas líneas espero yo dejar plasmado mi pesar, que como un verdugo implacable, hará silbar el hacha argenta sobre mi cuello.

Podría decirte Glenda, que el recuerdo del dulce sabor de tus labios me mantiene con vida, solo el tiempo suficiente para explicarte mi adiós definitivo. Podría contarte cuan duro ha sido convivir con la ausencia de tus placidas manos, como palomas, sobre mis hombros. Podría decirte tantas cosas mi amada, pero dudo que te importen en este momento de abnegada desolación, culpa y espanto. En todo caso, una de las cosas que si te diré, es que te perdono, vida mía.

Con fines mas prácticos, lo que si te diré es que he olvidado de pagar la luz, el cable, el gas, el servicio de Internet, las suscripciones a mis 10 revistas de bonsái y feng shui, la hipotéca de la casa y los impuestos municipales.

También he hecho unas compras por Internet, que ya verás en nuestra cuenta de Visa. Solo se trata de una hamaca paraguaya realizada con autentico hilo sisal (el de atar el matambre), que sale 6000 dólares, porque se presume, que la utilizó la mismísima Britney Spears en su último viaje…a las Bahamas, claro. También compré unos preciosos espejitos de colores de lo más decorativos, importados por Christopher Columbus Inc., por 3000 euros. Y como un regalo a tu virtud, mi bella Glenda, un compañero de por vida para ti. Un can excepcional que lleva mi nombre, un hermoso y bravo Doberman que hice entrenar rigurosamente con dieta forzosa, látigo y una foto tuya. El precio del pichicho es de 5000 pesitos, entrenamiento incluido (los posibles (y probables) gastos médicos son aparte).

Claro que la mansión y el auto son tuyos, pero te advierto que quizás debas venderlos para pagar las deudas de juego millonarias que contraje esta última semana. Como consuelo solo te digo, que me costó un esfuerzo enorme apostar todos nuestros ahorros en el Punto y Banca. Como sabes, jamás me han gustado los juegos de azar.

Has el favor de saldar esas deudas ya que yo no podré. Como ya te dije, tu último beso solo me dejo tiempo para escribirte esta carta.

P.D.: Olvidé mencionar que tú y mi mejor amigo pueden sentirse libres de cargo y culpa. La policía no los molestará ya que ninguno tiene ahora un móvil para querer matarme. Mi seguro de vida, esta a nombre de la S.P.C.A. (Sociedad Protectora del Canguro Africano).

Por siempre Tuyo, Roberto.

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